ACTUALIDAD / DERECHOS HUMANOS Por: Redacción El Global News 10 de julio, 2026
SANTIAGO / REGIONAL – La explotación sexual de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) no es el resultado de encuentros fortuitos ni de escenarios marginales inevitables; es un crimen corporativo, planificado y profundamente estratégico. Así lo ha denunciado la plataforma internacional Actuar es Urgente, la cual ha presentado un detallado informe que desmitifica la figura del agresor y expone las tácticas de infiltración que utilizan los tratantes para acceder a sus víctimas en entornos cotidianos.
El panorama adquiere una gravedad sin precedentes al cruzarse con los últimos registros de la Defensoría de la Niñez, los cuales revelan que las denuncias por explotación sexual infantil se dispararon un 73% en los últimos tres años. Dentro de este universo de horror, la evidencia estadística demuestra el sesgo de género de la problemática: el 89% de las víctimas son niñas y mujeres jóvenes. Asimismo, el informe enciende las alarmas sobre los sistemas de protección estatal, revelando que 1 de cada 3 jóvenes de entre 16 y 17 años que se encuentran bajo cuidados residenciales alternativos termina levantando al menos una denuncia por este flagelo.
La estrategia del depredador: Infiltración y falsos roles
«Esta es una de las más graves, sino la peor, vulneración que puede enfrentar la niñez», afirma Rafael Rodríguez, gerente general de la Fundación San Carlos de Maipo, entidad clave dentro de la plataforma. Rodríguez enfatiza la necesidad de adiestrar la mirada social y familiar, dado que los explotadores planifican minuciosamente sus movimientos, insertándose con total naturalidad en las escuelas, barrios, redes sociales y vecindarios de los menores.
El análisis de Actuar es Urgente identifica cuatro vectores principales de captura basados en la manipulación psicológica, desmantelando los eufemismos comunes con los que el entorno —e incluso la propia víctima— suele camuflar el delito:
- El mito del noviazgo («No son parejas»): La captura suele iniciar bajo la fachada de una relación romántica y supuestamente monógama. El agresor, generalmente un hombre adulto o un joven instrumentalizado por redes criminales, utiliza la seducción para construir asimetrías de poder insalvables, sosteniendo el vínculo mediante el suministro de regalos, falsas promesas afectivas o sustancias.
- La falsa protección familiar («No son amigos de la casa»): Cuando los tratantes logran validarse ante el núcleo familiar como adultos colaboradores o figuras de apoyo, la víctima es manipulada para creer que ceder a la explotación es una forma de retribuir el «cariño» o la ayuda económica recibida.
- El abuso de autoridad moral («No son padrinos»): Los explotadores aprovechan el prestigio de roles de tutoría o compadrazgo para desplegar un falso altruismo. El supuesto consentimiento de los menores se construye bajo el miedo coercitivo a perder beneficios, el temor al rechazo o la presión de la gratitud.
- La trampa transaccional («No son sugar daddies»): Al basar la dinámica en el intercambio explícito de dinero u objetos de valor, se inocula en el menor una falsa sensación de control y voluntariedad. Sin embargo, la investigación judicial demuestra que se trata de una estrategia de sujeción económica donde la víctima carece de libertad real.
El entorno digital como acelerador del delito
La plataforma advierte que el grooming o seducción emocional ha encontrado en los ecosistemas digitales su principal acelerador. Los tratantes se presentan en redes sociales como perfiles comprensivos y atentos, diseñando trajes a la medida de las carencias afectivas de los adolescentes para generar dependencias emocionales inmediatas. Posteriormente, la promesa de ofertas de estudio, viajes o carreras artísticas actúa como el mecanismo de desarraigo final para alejar a los menores de sus redes de protección naturales.
Para los comités de defensa de los derechos de la infancia, desarmar estas estructuras requiere entender que el explotador busca, ante todo, ocupar un rol legítimo en la vida de la víctima. Solo mediante la identificación temprana de estos patrones de manipulación será posible frenar una curva criminal que sigue cobrando la integridad de miles de niñas en la región.



