Tegucigalpa. La sequía asociada al fenómeno de El Niño, el encarecimiento de la canasta básica y la pérdida de capacidad adquisitiva están obligando a familias hondureñas, tanto rurales como urbanas, a vender parte de su patrimonio para garantizar la alimentación y cubrir necesidades esenciales, alertó el Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
La coordinadora del Obsan, María Luisa Rodríguez, señaló que algunos hogares han tenido que desprenderse de terrenos, aves de corral y ganado como estrategia de subsistencia, una situación que refleja el creciente nivel de vulnerabilidad de las familias afectadas.
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La crisis inicia en el campo, donde la pérdida de cultivos de primera reduce la disponibilidad de alimentos y podría aumentar la dependencia de importaciones, con un posible impacto adicional en los precios de granos básicos, verduras y otros productos.
El Obsan advierte que más de 800 mil hogares, ubicados en 103 municipios de ocho departamentos, enfrentan inseguridad alimentaria y nutricional. En conjunto, cerca de 1.8 millones de personas no tienen garantizados sus tres tiempos de comida.
La situación también genera conflictos por recursos como el agua, afecta la salud emocional de las comunidades y aumenta el riesgo de desnutrición, diarreas crónicas y otros problemas de salud, especialmente entre niñas y niños menores de cinco años, personas adultas mayores y mujeres en período de lactancia.



