Tegucigalpa. «Ningún homicidio se compara con el femicidio. Cuando se le quita la vida a una mujer, se hace con una brutalidad extrema: son 20 disparos, 15 puñaladas», afirmó la coordinadora del Movimiento Mujeres por la Paz “Visitación Padilla”, Cristina Alvarado, al referirse a la gravedad de estos crímenes en Honduras.
Organizaciones de mujeres y feministas defensoras de los derechos de las mujeres expresaron su alarma ante el aumento de la violencia y el grado de ensañamiento con que se están perpetrando los femicidios en el país, una situación que, señalan, refleja la alta vulnerabilidad y falta de protección que enfrentan las hondureñas.
Alvarado cuestionó la normalización de la violencia machista y advirtió que los asesinatos de mujeres evidencian niveles crecientes de odio y saña. Según explicó, los casos documentados muestran patrones de extrema agresividad que profundizan la crisis de seguridad para las mujeres.
De acuerdo con datos analizados junto al Observatorio Nacional de la Violencia, Honduras se posiciona entre los países más peligrosos de América Latina para las mujeres, no solo por la incidencia de femicidios, sino por la crueldad con la que se ejecutan. «Lo más alarmante son los niveles de tortura y barbarie: escenas dantescas, cuerpos mutilados, víctimas calcinadas», señaló.
Frente a este escenario, la defensora instó a las instituciones encargadas de la seguridad y la investigación penal a reforzar la formación de su personal en protocolos especializados, con el fin de garantizar indagaciones adecuadas y combatir la impunidad.
Asimismo, recordó que la normativa hondureña establece que toda muerte violenta de una mujer debe ser investigada inicialmente como posible femicidio, con el objetivo de asegurar un abordaje diferenciado y el acceso efectivo a la justicia para las víctimas y sus familiares.
Honduras sigue encabezando la lista regional en femicidios, con una tasa que la CEPAL ubica en 4.8 por cada 100,000 mujeres, lo que confirma la gravedad de la violencia machista en el país. EGN



