Por LCC Juda Álvarez
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión – sin que se le discrimine, se le oprima o se le persiga. La libertad religiosa, al igual que otros derechos humanos, está estrechamente relacionada con la estabilidad política. La represión de la religión o las creencias puede ser un importante factor desencadenante de conflictos y violencia.
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión [que se garantice y se respete]; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, mediante la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia, así lo establece el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Significa que toda persona tiene derecho a elegir, practicar y manifestar sus creencias religiosas —o a no tener ninguna creencia— sin injerencias, discriminación ni temor. Es un derecho humano fundamental que protege no solo a los individuos, sino también a las comunidades y los grupos religiosos en su expresión colectiva de la religión. Esta libertad incluye: La libertad de creer – Toda persona puede profesar cualquier creencia religiosa (o ninguna) sin que se le coaccione ni castigue. Libertad de culto – Toda persona pueden practicar su culto, realizar ritos religiosos y enseñar su fe. Libertad de expresión – Las creencias pueden compartirse de forma pública o privada, individual o colectivamente. Libertad frente a la coacción – No se puede obligar a nadie a adoptar o renunciar a una religión en contra de su voluntad. La libertad religiosa está profundamente relacionada con otros derechos esenciales, como la libertad de expresión, de conciencia, de reunión y de asociación.
En información difundida a través de varios estudios sobre libertad religiosa en el mundo en 2025, se establece que ha habido graves violaciones de la libertad religiosa en 62 países. Estos ataques han sido clasificados como «persecución» (la peor categoría) en 24 países y como «discriminación» (la segunda categoría más grave) en otros 38; en total, han afectado a más de 5,400 millones de personas. Tales violaciones evidencian un asalto de mayor alcance a los derechos consagrados en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos —la libertad de pensamiento, conciencia y religión—. Hoy, este derecho fundamental no solo está sometido a presión, sino en proceso de desaparición.
Así, casi dos tercios de la humanidad —más de 5,400 millones de personas— viven en países donde la libertad religiosa sufre violaciones graves. Casi el 64.7 por ciento de la población mundial vive en los 62 países donde estas violaciones se consideran persecución o discriminación. Solo dos de estos países —Kazajistán y Sri Lanka— han mostrado alguna mejora durante el periodo estudiado.
24 países se encuentran en la categoría más grave, la persecución. Violaciones graves y sistémicas de la libertad religiosa, como la violencia, el arresto y la represión, afectan a más de 4,100 millones de personas en países como China, India, Nigeria y Corea del Norte. En el 75 por ciento de estos países (en 18 de 24), la situación ha empeorado.
En 38 países, las violaciones contra la libertad religiosa se categorizan como discriminación religiosa y pueden llegar a afectar a más de 1,300 millones de personas, el 17.3 por ciento de la población mundial. En estos países, como Egipto, Etiopía, México, Turquía y Vietnam, las minorías religiosas se enfrentan a limitaciones sistemáticas de culto, expresión e igualdad legal. Aunque no padecen una represión violenta, a menudo, su discriminación conduce a la marginalización y la desigualdad legal.
Asimismo 24 países están «en observación», debido a un incremento de las señales de alarma para la libertad religiosa. Estas señales incluyen un aumento de la intolerancia, la erosión de coberturas jurídicas, el extremismo religioso y un aumento de la interferencia estatal en la vida religiosa. 750 millones de personas podrían estar en riesgo de discriminación religiosa.
Del mismo modo, el autoritarismo es la mayor amenaza contra la libertad religiosa. Los regímenes autoritarios aplican de forma sistemática unos mecanismos legales y burocráticos con el fin de suprimir la vida religiosa. En países como China, Eritrea, Irán y Nicaragua, el gobernio reprime la religión por medio de una vigilancia generalizada, una legislación restrictiva y la represión de aquellos credos que disienten. El gobierno autoritario es la causa principal de la persecución en 19 países y apoya patrones de discriminación en otros 33.
Asimismo la violencia yihadista, su adaptación y su efecto desestabilizador, han aumentado de una forma sin precedentes. En 15 países, el extremismo religioso es la causa principal de persecución; en otros diez, contribuye a la discriminación. Desde el Sahel hasta Pakistán, los grupos yihadistas se han expandido a través de redes descentralizadas, dirigidas contra cristianos y musulmanes que no aceptan su ideología extremista. Explotando las faltas locales y unos gobiernos débiles, grupos terroristas como Jama’at Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin (JNIM) y el Estado Islámico de la Provincia del Sahel (ISSP) han expandido su control en el Sahel; Ansar al-Sunna (ISCAP) en Mozambique y las Fuerzas Democráticas Aliadas (FDA) en la República Democrática del Congo aspiran a establecer un «califato» en África central para legitimar su autoridad e ideología.
En el mismo contexto, los incidentes anticristianos están en alza en los países occidentales. Los ataques contra lugares de culto y fieles cristianos en Europa y Estados Unidos han aumentado de forma significativa. Solo en 2023, se registraron unos 1000 incidentes anticristianos; en Grecia, se dieron más de 600 casos de vandalismo contra iglesias. En Canadá, se provocaron incendios en, al menos, 24 iglesias entre 2021 y 2024. España, Italia, Estados Unidos y Croacia han sufrido aumentos similares, con actos como profanaciones de lugares de culto, agresiones físicas a religiosos e interrupciones de actos religiosos, motivados por la hostilidad ideológica, el activismo militante o el extremismo anti-religioso.
Aposeoticamente la inteligencia artificial (IA) y otras aplicaciones digitales se usan como armas para reprimir a grupos religiosos. Cada vez más, se están utilizando las nuevas tecnologías (desde la IA hasta las redes de monitoreo) para monitorizar, perfilar y penalizar la expresión religiosa. Los gobiernos y actores no gubernamentales de países como China, Corea del Norte y Pakistán, utilizan herramientas digitales para identificar, intimidar y criminalizar a creyentes, haciendo que se perciba la fe religiosa como una amenaza a la seguridad.



